Entradas ‘Intoxicación’

Minamata y el emperador (parte 2)

08/ 08/ 11
Espadas

Este post completa la serie que iniciamos la semana pasada, y si en el primero hablábamos de Minamata, hoy vamos a hablar del emperador, pero no del emperador del Japón, sino del pez emperador. Del pez emperador y del atún, de la tintorera, del pez espada y de otros grandes peces, reyes del mar, grandes deprededadores.

La alerta

Hace unas pocas semanas la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) emitió un documento titulado “Recomendaciones de consumo de pescado para poblaciones sensibles debido a la presencia de mercurio” (pdf). Básicamente recomienda a las “mujeres embarazadas o que puedan llegar a estarlo”, mujeres en periodo de lactancia y niños de corta edad (entre 1 y 30 meses) evitar el consumo de pez espada, tiburón, atún rojo y lucio. Adicionalmente aconseja limitar su consumo en niños de 3-12 años a no más de 50 gr por semana o 100 gr cada dos semanas.

La recomendación se justifica en base a documentos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (que se remontan al año 2004, ver) y de la Dirección General de Sanidad y Consumo de la Unión Europea (del año 2008, ver). En septiembre de 2010 la AESAN aprobó un “Informe en relación a los niveles de mercurio establecidos para los productos de la pesca”, estimando que una embarazada que ingiera una ración (100 g) semanales de pez espada estará superando la ingesta máxima tolerable de metil-mercurio, y del mismo modo, un niño de 7-12 años puede consumir sólo media ración de pez espada a la semana.

cadena trófica

En el ecosistema acuático (por acción de las bacterias y las algas) el mercurio metálico se metila para dar lugar al metil mercurio que, a su vez, se incorpora a la cadena trofica (microorganismos –invertebrados acuáticos– peces). El metilmercurio no es soluble, y por ello se absorbe pero no se excreta, acumulándose en las vísceras, el tejido muscular y el tejido adiposo. Depredadores marinos como peces espada y tiburones, o aves rapaces como las águilas tienen concentraciones de mercurio en su organismo mayores que el valor que resultaría de considerar sólo la exposición directa. Especies en los niveles superiores de la cadena trófica pueden acumular concentraciones de mercurio diez veces mayores que las del organismo que consumen. Este proceso es llamado biomagnificación.

Como habíamos comentado en la primera parte el mercurio es un metal extremadamente neurotóxico, como pudieron certificar los niños y los adultos de Minamata. Por ello se entiende mal que esta recomendación llegue con tal retraso. Pero se entiende peor cuando salen a la luz ciertos detalles. En diciembre de 2003 el Instituto Español de Oceanografía (IEO) elaboró un informe oficial sobre el contenido de mercurio en muestras de estos peces obtenidas en el Atlántico y en el Índico. Dicho informe, que podéis consultar en todos sus detalles aquí fue calificado como “confidencial” y permaneció oculto hasta hace pocos meses. La organización ecologista Oceana tuvo conocimiento de la existencia del informe pero el IEO se negó a proporcionárselo, y Oceana inició un litigio de más de tres años que terminó cuando la Audiencia Nacional ordenó que el texto se hiciera público. Sólo entonces la AESAN se decidió a emitir sus recomendaciones.

Los oscuros intereses

Hemos leído en la web de Oceana que en 2006, el Ministerio de Medio Ambiente, junto con los gobiernos de Aragón, Galicia, Cantabria, Cataluña y Andalucía, acordó permitir la utilización de celdas de mercurio (que se utilizan para la producción de cloro) hasta 2020 para las empresas afincadas en su territorio, pese a que la Directiva Europea 96/61/CE exigía la eliminación de esta obsoleta y contaminante tecnología antes del 30 de octubre de 2007.

Las fábricas de cloro-álcali, que consumen un 30% del mercurio utilizado por la industria, son, junto con las plantas de energía que utilizan carbón y las incineradoras de basura, la principal fuente de contaminación de los océanos por este metal pesado.

Noche cerrada

Si leeis la etiqueta de las rodajas de pez espada congelado que venden en los supermercados veréis como con frecuencia han sido pescados en el Índico. En las costas de Somalia las empresas españolas y de un montón de países más obtienen pingües beneficios quitando el pan de la boca a quienes ya no tienen fuerzas ni para masticar. En medio de una de las más terribles hambrunas que se recuerdan, el gobierno español decide enviar una limosna a las ONGs que trabajan allí (con la patética oposición de quiénes sólo saben oponerse), y mientras tanto mantiene al ejército haciendo labores de gendarmería, defendiendo a “nuestras” empresas de los piratas, en lo que parece una Guerra Colonial encubierta en pleno siglo XXI.

ATALANTA

La operación Atalanta (pobre Atalanta, que simboliza a la mujer contestataria que se rebeló contra todos los esquemas patriarcales, metida en estos fregados) fue aprobada por el Ministerio de Defensa en enero de 2009 y actualmente la aportación española es de 370 militares repartidos en una fragata, un patrullero y el destacamento aéreo ‘Orión’ desplegado en Yibuti, siendo el segundo país por detrás de Francia que más recursos aporta a esta “misión”. Durante el año 2010 la Operación Atalanta supuso para España un desembolso de 82,3 millones de Euros. !Qué tiempos aquellos en los que la disyuntiva era darles peces o enseñarles a pescar! Hoy la única opción es quitarles los peces…

Mientras tanto…

Age of stupid

Y mientras el informe del IEO dormía en un cajón, los mares seguían llenándose de mercurio y en España nacían 500.000 niños, muchos de ellos expuestos a niveles excesivos de mercurio, con consecuencias impredecibles.

Y mientras nuestra indiferencia y nuestra comodidad nos mantenían confortablemente ignorantes y felices, el planeta se envenenaba y se volvía contra nosotros.

Y mientras los dueños del mundo juegan a ser dioses y hunden a estados enteros en la miseria, nos estamos dando cuenta de que nosotros, orgullosos occidentales que nos creíamos alguien, tal vez somos en realidad nadies. Y tal vez, como decía Galeano, valemos menos que la bala que nos matará. Tal vez ha llegado la hora de indignarse.

Minamata y el emperador (parte 1)

31/ 07/ 11
Minamata

Minamata, Japón. Primera mitad del siglo XX

Mapa

La bahía de Minamata está en la costa oeste de Kyushu, la más meridional de las islas de Japón. Históricamente el pueblo de Minamata se dedicó a la pesca en las ricas aguas de la bahía. Pero es duro ser pescador, aquí y en Japón, y pagar todos los años un triste tributo de vidas al Dios del mar. Por eso, cuando en 1908, en los últimos años del periodo Meiji, la empresa Chisso Corporation instaló una fábrica de fertilizantes en la localidad, la población la acogió con los brazos abiertos. Durante los años siguientes Chisso creció hasta convertirse en una de las principales empresas de Japón, y Minamata creció con ella.

A principios de los años 50 comenzaron los fenómenos extraños. Primero fueron los gatos: se les veía danzando por la calle, se caían al mar y morían ahogados. La gente los miraba curiosa. Hablaban de los gatos suicidas. En aquel momento la mayor parte de la fuerza productiva de Minamata trabajaba en Chisso. La empresa se había especializado en la producción de acetaldehído, que se utilizaba para la producción de plástico. Tras la Segunda Guerra Mundial el sector vivió un auténtico boom y mientras los gatos danzaban, los peces comenzaron a flotar en la bahía.

Después de los gatos y los peces les tocó el turno a las personas. Aquí y allá, algunos vecinos de la ciudad comenzaban a tambalearse al andar, a tener dificultades para hablar. En 1956 llegó la epidemia. La confusión se adueñó de todos. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Era un virus? ¿Acaso una epidemia de sífilis? La respuesta chorreaba hacia la bahía con las aguas residuales de Chisso: durante veinte años toneladas de mercurio, empleado en el proceso de producción del acetaldehido, se habían vertido al mar, contaminando a los peces, envenenando a ritmo lento a unas 200.000 personas, habitantes de la costa, que dependían del pescado de la bahía como fuente casi única de proteínas.

Fotos de Minamata

La enfermedad de Minamata

Las personas adultas expuestas a la intoxicación por metilmercurio desarrollaban, entre otras manifestaciones, visión borrosa, trastornos olfatorios y gustativos, marcha atáxica, parestesias en las manos, disartria y síntomas somatosensoriales y psiquiátricos. Los niños nacidos de madres expuestas presentaban una extensa espongiosis del córtex cerebral. El metilmercurio era, por tanto, (y es) un potente neurotóxico para el cerebro humano, y sobre todo para el cerebro en desarrollo.

Los hijos de las mujeres intoxicadas en la bahía de Minamata sufrían serios retrasos mentales y motores, con dificultades para la deglución, la masticación, el habla, la marcha y la coordinación de movimientos. Los casos más severos desembocaban en un mutismo acinético

El antiguo fotógrafo de Life, Eugene Smith, y su mujer Aileen, vivieron varios años en Minamata, documentando en numerosas fotografías, algunas de las cuales se incluyen en este post, los efectos del mercurio sobre sus víctimas.

Chisso

La respuesta de Chisso Corporation no fue precisamente rápida. Inicialmente instalaron un dispositivo que, teóricamente, disminuiría las emisiones de mercurio, pero los casos siguieron aumentando. Chisso interrumpió la producción de acetaldehido en 1968, cuando se introdujo una nueva técnica para producir el plástico. Hacia el año 1970 la empresa fue condenada a indemnizar a las víctimas del desastre. Aún en nuestros días la empresa sigue operando en la localidad, produciendo fertilizantes y material informático, y aún en nuestros días siguen apareciendo enfermos que luchan porque el Gobierno reconozca su problema. Mientras tanto Minamata ha perdido el 70% de la población que tuvo en su momento de mayor esplendor. El mercurio está sedimentado en el fondo de la bahía, pero desde junio de 1994 los peces y mariscos tienen unos niveles seguros de mercurio y las redes que durante años aislaron la zona fueron retiradas en 1997

Toxicología del mercurio

La exposición humana al mercurio proviene hoy de tres fuentes principales: el consumo de pescado, las amalgamas dentales y las vacunas.

Sombrerero loco

Las amalgamas dentales se han usado durante más de 150 años, y el debate sobre la peligrosidad del mercurio que contienen es antiguo. Realmente la dosis que puede ser inhalada a partir de ellas es pequeña, aumentando en las personas que consumen mucho chicle, debido al acto de la masticación. Los empastes realizados con amalgama de plata tienen un color plateado y su uso ha disminuído mucho en nuestro entorno, más por motivos estéticos que relacionados con la salud. Mucho mayores son los niveles hemáticos que se pueden encontrar en individuos expuestos profesionalmente a los vapores de mercurio. Los casos más severos de intoxicación por vapores de mercurio conducen a una tríada sintomática de temblor intencional, gingivitis y eretismo (comportamiento bizarro). Se dice que el Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas era una probable víctima de intoxicación ocupacional por mercurio. Si os habéis quedado preocupados por vuestros empastes, no existe hoy ninguna evidencia científica que avale la retirada de las amalgamas, ya que el propio proceso de retirada genera vapor de mercurio y un incremento de sus niveles hemáticos.

El metilmercurio llega a los humanos desde el mar a través de los peces, como ocurrió en Minamata. Se produce por la biometilación del mercurio inorgánico presente en los sedimentos acuáticos. Se acumula en la cadena alimentaria acuática y alcanza su mayor concetración en los peces depredadores más longevos, como el tiburón o el pez espada. Como se ha dicho, el cerebro se lleva la peor parte cuando los niveles de metilmercurio crecen, produciéndose destrucción regional de las neuronas del cortex visual y del cerebelo, pero también incrementa el riesgo cardiovascular.

Con respecto al Timerosal, se ha utilizado como conservante de muchas vacunas desde 1930. A pesar de que contiene etil mercurio, los primeros estudios toxicológicos llevados a cabo no encontraron efectos adversos para la salud. Sin embargo, un análisis posterior realizado en 2001, parecía revelar unos niveles de mercurio excesivamente elevados en los niños vacunados y la administración estadounidense retiró el timerosal de las vacunas. Unos años después la alarma de 2001 se demostró excesiva y recientemente la OMS ha concluido que el timerosal no es peligroso, ya que los niveles de mercurio en realidad no alcanzan los niveles tóxicos.

La herencia de Minamata

Los sucesos de Minamata constituyen uno de los mayores desastres ambientales de la historia. Dicen que los japoneses aprendieron la lección y que hoy la ciudad de Minamata es modélica en el manejo de los residuos. Los recientes acontecimientos de Fukushima tal vez contradicen esta impresión. Tal vez los japoneses no aprendieron, pero sin duda la humanidad no aprendió nada y ha tropezado muchas veces en piedras similares. Completaremos la historia del mercurio a propósito de la historia del emperador, pero eso será en la segunda parte de este post. Por hoy os dejamos con el trailer de una película que no veremos aquí, pero que tal vez necesitaríamos ver.