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Godfrey Hounsfield y el EMI Scanner Episodio Final: 1979

26/ 03/ 11
TC

10 de Diciembre de 1979, Ayuntamiento de Estocolmo

“Inventas vitam juvat excoluisse per artes”. Godfrey pasaba sus dedos sobre la inscripci√≥n de la medalla. Necesitaba un rato de descanso. Un minuto sin protocolo, felicitaciones o apretones de manos. Hounsfield estaba muy orgulloso de sus inventos, particularmente del EMI Scanner. Le hac√≠a feliz ver c√≥mo los radi√≥logos u otros m√©dicos disfrutaban con las im√°genes del TAC. Sin embargo se sent√≠a muy inc√≥modo cuando los halagos iban dirigidos hacia √©l. Nunca hab√≠a sido vanidoso. Que un rey de Suecia le entregase un premio Nobel y miles de personas le aplaudiesen como a una estrella de rock era m√°s de lo que un hombre sencillo como Godfrey Hounsfield era capaz de asimilar. Estaba desbordado por emociones contradictorias.

Le habr√≠a gustado compartir el premio con su amigo Ambrose. Hounsfield sab√≠a que si hab√≠an conseguido llevar a cabo la comercializaci√≥n del scanner era en gran parte gracias a la difusi√≥n que James hab√≠a realizado entre los radi√≥logos de todo el mundo. Juntos hab√≠an disfrutado en el proceso de dise√Īo de las primeras m√°quinas. Los consejos de Ambrose hab√≠an sido imprescindibles en el desarrollo del scanner, y Godfrey lamentaba profundamente que no se le hubiera reconocido en el premio. Record√≥ una tarde casi 10 a√Īos atr√°s, el d√≠a que conoci√≥ a Ambrose. Godfrey buscaba la colaboraci√≥n de un radi√≥logo para el desarrollo del scanner. Varios especialistas le dieron largas y probablemente lo tomaron por un loco. Hab√≠a pensado que el encuentro con Ambrose terminar√≠a con el mismo resultado, no parec√≠a interesado. Pero algo debi√≥ de hacer cambiar de opini√≥n al radi√≥logo en el √ļltimo momento. James le pidi√≥ a Godfrey que le acompa√Īara a su despacho del Hospital Atkinson’s Morley sin explicarle la raz√≥n. Cuando llegaron, Ambrose le dio a Hounsfield una caja muy pesada que conten√≠a un cerebro humano con un tumor. Se lo alarg√≥ a Godfrey y le dijo: “demu√©strame que puedes hacer lo que dices”.

Al d√≠a siguiente Godfrey se present√≥ radiante en el Servicio de Radiolog√≠a preguntando por James Ambrose. Cuando el radi√≥logo vio la fotograf√≠a del scanner mir√≥ a Hounsfield sin poder articular palabra. Era una revoluci√≥n. Y Hounsfield no se hab√≠a dado cuenta de la verdadera trascendencia de su invento hasta que conoci√≥ a Ambrose. Aquellos hab√≠an sido los mejores a√Īos.

Mir√≥ hacia los premiados. Poco a poco se fue acercando a ellos, completamente distra√≠do. Se qued√≥ mirando a Arthur Lewis, que tambi√©n estaba un poco apartado del grupo principal. Estaba sentado en un banco del Sal√≥n Azul, mientras un coro cantaba una pieza que Godfrey no conoc√≠a. El ganador del premio Nobel de Econom√≠a era un hombre simp√°tico de unos sesenta y tantos a√Īos que daba clases de Econom√≠a en Princeton. Hounsfield estaba sorprendido por el hecho de que fuera negro, algo que seguro que hab√≠a supuesto una enorme dificultad en el mundo universitario de aquella √©poca. Arthur era brit√°nico, aunque hab√≠a nacido en Santa Luc√≠a (por aqu√©l entonces colonia brit√°nica). Hac√≠a unos a√Īos hab√≠a sido nombrado caballero. Lleg√≥ a su lado y le salud√≥. Arthur lo mir√≥ con unos ojos peque√Īos escondidos detr√°s de unas gruesas gafas negras. Le sonri√≥ amablemente.

-¬ŅAs√≠ que usted es que el genio que ha inventado el scanner?

-Eso dice ese se√Īor con corona- dijo Hounsfield se√Īalando al Rey Carlos Gustavo. -Usted debe ser el economista de los pobres.

Sir Arthur soltó una carcajada. -Sí, ese debo ser yo. No creo que haya muchos por aquí con esa profesión tan rentable.-Arthur Lewis miraba la caja donde guardaba la medalla, el diploma que les habían entregado en la ceremonia. Sacó la medalla y se la colgó. -Sabe, tengo un amigo al que le han realizado un scanner esta semana.-

-Vaya, espero que no sea nada grave- Godfrey supo por la expresión del economista que la cosa no pintaba muy bien.

-Le han dicho que tiene un c√°ncer de pulm√≥n. Creo que es peque√Īo y que pueden operarlo. En las radiograf√≠as no lo ten√≠an claro, algunos radi√≥logos pensaban que era una tuberculosis, pero no se pon√≠an de acuerdo. Le hicieron un scanner y ahora les parece un c√°ncer.- Arthur miraba a Godfrey, que no sab√≠a qu√© decir.- Dentro de alg√ļn tiempo, cuando alguien estudie la econom√≠a en los pa√≠ses en v√≠as de desarrollo estudiar√°n mi trabajo. En algunas universidades se hablar√° de m√≠, y a lo mejor una de mis aportaciones conseguir√° mejorar la vida de algunas personas. Yo no se cu√°l ser√° mi lugar en la Historia, la verdad. Lo que s√≠ que se es que su invento, se√Īor Hounsfield, cambiar√° la vida de mucha gente. Ha conseguido usted que veamos el interior del cuerpo humano sin necesidad de abrirlo en una mesa de quir√≥fano. No se qu√© clase de cerebro debe de tener usted para que pudiera inventar semejante aparato, pero est√° claro que la inscripci√≥n de esa medalla habla de usted.- Lewis se√Īal√≥ con el dedo.

nobel

Godfrey se fij√≥ en que su medalla era diferente de la de Lewis. Aunque la cara de Alfred Nobel aparec√≠a en ambas medallas el reverso era diferente. En la de Arthur estaba representaba una estrella en su parte central, con rayos saliendo de ella de forma radial. La de Godfrey en cambio mostraba una figura cl√°sica sujetando un ni√Īo con una mano, mientras con la otra recog√≠a agua de una roca. Las inscripciones tambi√©n eran diferentes.

-Es de la Eneida, de Virgilio- Arthur se√Īal√≥ la inscripci√≥n de la medalla de Hounsfield.- “Inventas vitam juvat excoluisse per artes”. No soy un experto en lat√≠n, pero creo que el pasaje viene a decir “aquellos que mejoran la vida en la Tierra con sus inventos”.

Godfrey se qued√≥ pensativo. Hab√≠a mucha gente que hab√≠a trabajado con √©l en aquel proyecto. C√≥mo le hubiera gustado compartirlo con ellos. Sin darse cuenta empez√≥ a pensar en los planos que le envi√≥ un amigo suyo de General Electrics. Arthur sigui√≥ hablando, pero Hounsfield s√≥lo le dedicaba una peque√Īa parte de su capacidad de atenci√≥n, estaba pensando en c√≥mo aplicar una espiral al movimiento del cabezal. Quiz√° as√≠ podr√≠a disminuir el tiempo de adquisici√≥n sin producir demasiados artefactos…

Epílogo

hounsfield

Estos cuatro art√≠culos sobre la vida de Godfrey Hounsfield son relatos de ficci√≥n, aunque est√°n basados en la vida real del ingeniero brit√°nico. Esperamos que hay√°is disfrutado de nuestro peque√Īo homenaje a este hombre extraordinario, y a una √©poca de pioneros de la radiolog√≠a en general, y de la neurorradiolog√≠a en particular. Aqu√≠ os dejamos parte de la bibliograf√≠a utilizada por si est√°is interesados, y un incre√≠ble documental sobre los primeros a√Īos del scanner.

CT scanning the early days

Obituaries: Sir Godfrey Hounsfield

Nobel Lecture, 8 December, 1979, by Godfrey Hounsfield

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Godfrey Hounsfield y el EMI Scanner Episodio 2: 1971

16/ 03/ 11
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Atkinson Morley’s Hospital, Londres 1971

James Ambrose comenz√≥ a sentir una fuerte presi√≥n sobre su hombro izquierdo. Un sudor fr√≠o le recorr√≠a la frente. Nunca en su vida hab√≠a estado tan nervioso. A su lado estaban sentados el equipo de neurocirujanos del Atkinson Hospital. Los m√°s j√≥venes parec√≠an intrigados, pero los cirujanos de m√°s edad daban muestras de impaciencia. James lo ve√≠a claro: se hab√≠an precipitado al estrenar la m√°quina. No estaba preparada. Mir√≥ hacia el fondo de la sala y encontr√≥ la cara siempre sonriente de Godfrey Hounsfield. ¬ŅC√≥mo pod√≠a sonre√≠r en aquellas circunstancias?

Durante los dos √ļltimos a√Īos hab√≠an trabajado sin descanso en la idea de Godfrey. Primero con el modelo primitivo usando cabezas de animales, o cerebros que Ambrose consegu√≠a en la Universidad. M√°s tarde con el prototipo encargado por el Departamento de Salud. Hac√≠a meses que la m√°quina estaba terminada, pero Hounsfield siempre pensaba en nuevos ajustes para conseguir mejores resultados.

Habían hecho muchas pruebas, incluso el propio Godfrey se había metido bajo el arco en varias ocasiones. Los resultados eran espectaculares, de eso no había duda. Las pocas personas que habían visto las imágenes habían quedado asombradas. Aquel invento revolucionaría la medicina. El problema era el tiempo.

La m√°quina era muy lenta. Tardaba s√≥lo 5 minutos en tomar las im√°genes, pero lo tedioso era el procesado. Un operario llevaba en una cinta los datos del scanner desde el Atkinson Morley’s a las laboratorios de EMI, donde un ordenador ICL 1905 trabajaba toda la noche preparando las im√°genes. Hounsfield estaba trabajando en un miniordenador que reducir√≠a los tiempos de procesado, pero todav√≠a no estaba listo.

Aquella ma√Īana se hab√≠a reunido casi todo el departamento de Neurocirug√≠a, alg√ļn neur√≥logo y por supuesto todos los radi√≥logos del Hospital en la antigua sala de sesiones. La misteriosa m√°quina de Ambrose y Hounsfield hab√≠a despertado gran expectaci√≥n entre sus compa√Īeros, y todos quer√≠an ver la demostraci√≥n de sus virtudes.

Los neurocirujanos le habían presentado el caso de una mujer joven con la sospecha de un tumor cerebral en el lóbulo frontal. Ambrose hubiera preferido realizar antes una arteriografía, pero se dejó convencer por Godfrey para utilizar la máquina por primera vez con esa paciente.-Será un acontecimiento inolvidable, un bautismo de fuego- había dicho el ingeniero, contagiando a todos de su optimismo inquebrantable. La prueba se había realizado la tarde anterior, y ahora todos esperaban la llegada del operario de EMI con las imágenes.

El reloj marcaba las 8 y cuarto. James tenía muchas dudas. Debían haber esperado a que el minicomputador funcionara. Además tenían que haber hecho más pruebas en cadáveres con lesiones tumorales y vasculares para describir correctamente su aspecto radiológico. No estaba seguro de cómo interpretaría el resultado del scanner. Lo que más le atormentaba era no haberse atrevido a utilizar contraste yodado. Estaba seguro de que hubiera ayudado a definir la lesión. Todas esas ideas se entrelazaban en un nudo que no le dejaba respirar.

Alguien entró por la puerta. Un chico pelirrojo se quedó petrificado mirando la multitud de médicos que abarrotaban la sala. -Buenos días, doctores. Traigo un paquete para el doctor Ambrose.- dijo en un tono temeroso.

James Ambrose se adelantó y firmo el recibo. Abrió la caja de cartón, sintiendo todas las miradas clavadas en su espalda. Separó los grandes sobres que contenían las imágenes impresas y rebuscó entre los envoltorios hasta que encontró lo que buscaba: una cinta con el logotipo de EMI.

Caminó hacia un enorme televisor e introdujo la cinta en una ranura lateral. El televisor comenzó a hacer ruido. James se sentó en primera fila y pidió a uno de sus residentes que apagara las luces.

Un murmullo generalizado acompa√Ī√≥ al primer fotograma de la cinta, unos grandes n√ļmeros blancos sobre un fondo negro que correspond√≠an al n√ļmero de registro del estudio. La imagen permaneci√≥ est√°tica durante unos segundos, eternos para Ambrose. Entonces comenzaron a aparecer im√°genes que correspond√≠an a los cortes m√°s bajos del scanner. Se hizo un silencio absoluto. Cada imagen permanec√≠a 10 segundos en pantalla, dando paso al corte inmediatamente superior. Ambrose se di√≥ cuenta de su fracaso. Sin el contraste yodado no se distinguir√≠a la lesi√≥n. Los cortes segu√≠an ascendiendo dejando ver claramente los ventr√≠culos cerebrales. Le pareci√≥ distinguir c√≥mo el asta frontal derecha parec√≠a de menor tama√Īo que la izquierda. Unos segundos despu√©s entendi√≥ el motivo. Los m√©dicos no daban cr√©dito a lo que ve√≠an: una lesi√≥n oscura y redondeada ocupaba el l√≥bulo frontal derecho. Al verla Ambrose identific√≥ inmediatamente su composici√≥n: era negra como el agua de los ventr√≠culos, por lo que ten√≠a que ser qu√≠stica. Las im√°genes segu√≠an pasando y la excitaci√≥n de los asistentes iba en aumento. Los cirujanos discut√≠an porque hab√≠an apostado a que la localizaci√≥n era frontal derecha y la imagen lo que mostraba era una localizaci√≥n al lado izquierdo de la pantalla. Le ped√≠an que lo pasara otra vez y algunos se lanzaron a mover los controles.

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James busc√≥ entonces a Hounsfield. El ingeniero le abraz√≥ como si fuera a romperle los huesos. Se sent√≠a como si acabara de ganar la final de la Copa del Mundo en el estadio de Wembley. -Hay que reducir los tiempos, James. Tenemos que a√Īadir el computador, y esa matriz es demasiado grande‚Ķ-James ya no le escuchaba. Estaba pensando en la nuez con la que Godfrey le hab√≠a convencido para apuntarse a aquella aventura. No entend√≠a c√≥mo aqu√©l hombre tan sencillo, que no hab√≠a estudiado en la Universidad y que se dedicaba a fabricar transistores en el s√≥tano de una f√°brica destartalada hab√≠a conseguido cambiar su profesi√≥n de la noche a la ma√Īana. Pens√≥ en todas las arteriograf√≠as que hab√≠a hecho, y en el nuevo trabajo que se presentaba ante √©l.

Respiró hondo. Por el momento dejaría que los cirujanos discutieran un poco más, antes de que descubrieran que las imágenes en el scanner estaban invertidas y que la lesión era en efecto frontal derecha. Salió de la sala y por primera vez en muchos días sonrió.

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Godfrey Hounsfield y el EMI Scanner episodio 1: 1969

13/ 03/ 11
ct EMI

1969

James Ambrose sorb√≠a lentamente su taza de t√© mientras observaba al hombre que ten√≠a delante. Hac√≠a tiempo que hab√≠a perdido el hilo de la conversaci√≥n. Todo era culpa de Evan Lennon, un antiguo compa√Īero suyo del Atkinson Morley’s Hospital en Londres, que ahora era el Director del √Ārea de Radiolog√≠a del Departamento de Salud. C√≥mo hab√≠a ascendido el muy cabr√≥n. La semana anterior le hab√≠a llamado para pedirle que se entrevistara con un ingeniero llamado Hounsfield. Hab√≠a sido un poco misterioso en su petici√≥n, y Ambrose entend√≠a ahora el motivo: este hombre parec√≠a un loco.

Godfrey Hounsfield había dejado la mesa del pub llena de papeles. Dibujaba en una servilleta de papel unos esquemas y fórmulas incomprensibles mientras hablaba de algoritmos tridimensionales y transistores. Al menos John Perry, el físico que trabajaba con Ambrose, parecía entender algo de aquella reunión.

servilleta de hounsfield

James mir√≥ por la ventana. Hac√≠a un d√≠a de perros, la gente sal√≠a de un teatro cercano cubierta con paraguas. √Čl todav√≠a ten√≠a que ir a Wimbledon a completar algunos informes que hab√≠a dejado pendientes en el hospital. Si sal√≠a pronto de all√≠ podr√≠a recoger‚Ķ

-Doctor Ambrose- Hounsfield le miraba sonriente. Un poblado bigote marcaba el final de una nariz alargada. Parec√≠a un hombre simp√°tico.-¬ŅSe encuentra usted bien?-

-Perdone, se√Īor Hounsfied, me he distra√≠do. Creo que ya me he hecho una idea de su proyecto, muchas gracias. Puede mandarnos alg√ļn documento a nuestro despacho en el hospital, pero no estamos interesados y no quiero hacerle perder m√°s tiempo.-Le hizo un gesto a John Perry , que parec√≠a reacio a marcharse.

-Doctores, lo siento si me he ido por las ramas.- Hounsfield rebuscó en su bolsillo y sacó lo que parecía una nuez.- Me pierdo con los detalles técnicos y les hago perder su valioso tiempo. Sólo les pido una oportunidad para demostrarles mi proyecto. Tienen que entender que las tomografías que utilizan en su hospital son un desperdicio de rayos X. Las imágenes que obtienen son borrosas y dan menos información que dos radiografías simples ortogonales.- mientras explicaba esto colocó la nuez delante de sus caras y realizó un gesto con la otra mano rodeando su cáscara. -Lo que yo les propongo es estudiar un cuerpo tridimensional reduciendo su análisis a cortes paralelos que se puedan reconstruir en un ordenador- la nuez se abrió en dos por un corte que Hounsfield debía de haber hecho antes, dejando al descubierto el fruto interior. La imagen recordaba al corte de un cerebro humano.

Perry sonre√≠a. James Ambrose ten√≠a ya el abrigo puesto, pero el n√ļmero de la nuez hab√≠a captado su atenci√≥n. Mir√≥ su reloj.
-¬ŅQu√© es lo que necesita de nosotros?- Ambrose supo en ese momento que llegar√≠a tarde a casa.

-Cerebros, doctores. Necesito cerebros- Hounsfield rompió la cáscara y se metió la nuez en la boca.