Göteborg 2011

12/ 04/ 11
göteborg

Hoy enlazamos a la página del Comité europeo para el tratamiento e investigación de la esclerosis múltiple. Al igual que el año pasado han vuelto a publicar en su web las comunicaciones y los pósters de la reunión anual, para aquellos que no pudimos disfrutar en Göteborg del congreso del 2010. Se nota la crisis porque ya no cuelgan los webcast como en la reunión de Dusseldorf del 2009, esta vez sólo hay pdf’s con los pósters y las presentaciones.

Hay una sección con las comunicaciones más vistas, y otra con los pósters premiados. Destacamos el póster del Servicio de Neurología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, en el que aplican los criterios propuestos por el Grupo MAGNIMS para el diagnóstico de Esclerosis Múltiple en un grupo de 67 pacientes con un síndrome clínico aislado.

ECTRIMS

Opsin

10/ 04/ 11

Hace unos meses Ivan Villafuerte publicaba en Vimeo un espectacular vídeo titulado “Destellos”. A lo largo de 6 minutos el artista nos deslumbraba con imágenes cotidianas de la ciudad de Chicago. Con una sencillez magnética este vídeo se convirtió en un éxito en la red y recibió casi 100.000 visitas.

Hoy os ofrecemos un nuevo vídeo sobre la ciudad más poblada de Illinois, titulado Opsin. Las opsinas son las moléculas proteicas que sirven de receptores lumínicos en la retina. Así que os recomendamos ponerlas a trabajar con los maravillosos fotogramas de este vídeo. La banda sonora, que no está nada mal, es del grupo d-rradio.

Las otras tres leyes de Isaac Asimov

07/ 04/ 11
Asimov

Seguro que habéis oído hablar cientos de veces de las famosas tres leyes de la robótica de Isaac Asimov. Ya sabéis: Primera ley, un robot no puede hacer daño a un ser humano, o, por medio de la inacción etcétera, etcétera. Pero poca gente sabe que estas no son las únicas afortunadas leyes que el gran Isaac formuló a lo largo de su ingente obra. En su libro “La estrella de Belén” figura un ensayo titulado “¡Oh, perspicaz adivino del futuro!” en el que aparecen las Tres Leyes de la Futúrica. Muy recomendables para los aprendices de escritor (pero también para quienes contemplan perplejos el azaroso destino de la Humanidad), desgranan el proceso que siguen los escritores de ciencia ficción para pergeñar sus imaginarias sociedades del mañana. Os dejamos con Asimov:

“La predicción exacta ocurre en la ciencia-ficción mucho más a menudo de lo que podría esperarse de la simple casualidad. ¿Y por qué no? El escritor de ciencia-ficción, elaborando sus sociedades futuras, debe basarlas, consciente o inconscientemente, en la sociedad actual, y al hacerlo desarrolla por fuerza un camino para llegar a ellas. En pocas palabras, tanto si lo sabe como si no, emplea las Tres Leyes de la Futúrica.

Fundación

La Primera Ley puede expresarse así: «Lo que ahora sucede continuará sucediendo». O dicho de otra forma: «Lo que ocurrió en el pasado ocurrirá en el futuro» (Si esto les recuerda mucho la vieja perogrullada «La historia se repite», no se equivocan. Toda mi «Trilogía de las Fundaciones» fue guiada conscientemente por la Primera Ley). [...]

La Segunda Ley de la Futúrica dice: «Considera con seriedad lo obvio, porque poca gente lo advertirá». [...] Es obvio, era obvio y ha sido obvio durante mucho tiempo que los recursos petrolíferos mundiales eran muy limitados y que el resultado de permitir que ese límite nos alcanzara, de repente, sería desastroso, por más que mucha gente se aferrara a la idea contraria. En realidad, las personas que, como yo mismo, señalaron con insistencia lo obvio, fueron denunciados por «agoreros» y despreciados. [...] Así que hemos estado advirtiendo sobre esto en la ciencia-ficción durante más de cuarenta años. Y pese a ello, nuestros expertos hombres de estado y dirigentes continúan siendo sorprendidos por las «crisis de población» y las «crisis energéticas» y siguen actuando como si tales crisis surgieran de la nada, sin previo aviso, justo dos días antes.

robot

La Tercera Ley de la Futúrica, en su forma más sencilla, puede formularse así: «Considerar las consecuencias». La predicción de un invento es muy fácil, ¿pero qué le ocurrirá a la sociedad cuando ese invento sea puesto en acción?
[...] Por supuesto, la Tercera Ley puede emplearse para una de las funciones fundamentales de la ciencia-ficción: la sátira. Se pueden considerar las consecuencias y escoger una poco probable que pueda parecer tan lógica como para iluminar fantásticamente la insensatez humana.

Pensemos en la inflación. Es un problema grave en la actualidad. Los precios suben de tal forma que la miseria y el sufrimiento no quedan limitados a la gente pobre, acostumbrados a ellos. En vez de eso, personas de buena posición, como ustedes o yo, están empezando a sufrir, y eso es penoso e injusto.

Debo admitir que encontrar una solución me costó bastante, porque no sé nada sobre ekonomía (¿se escribe así?). Por fortuna, hace poco escuché a un banquero discutir ciertos gráficos que indicaban el curso posible de los años siguientes. Al ser banquero, lo sabía todo en el terreno ekonómico.

El mencionado banquero señaló una tendencia ascendente (Era algo significativo. Pero no sé si se refería a un crecimiento del producto nacional o a que las mujeres llevarían la falda más corta). Dijo que la tendencia le parecía satisfactoria, pero que suponía un cuatro por ciento de paro. «Sería mucho mejor —opinó— si tuviéramos un cinco por ciento de paro, porque eso mantendría la inflación dentro de unos límites».

La intensidad de aquella revelación me cegó. ¡La inflación se solucionaba con el desempleo! Cuantos más parados, menos gente que tuviera dinero. Con menos dinero para derrochar tontamente, no habría razón para aumentar los precios, y se acabaría con la inflación. Me sentí muy orgulloso de haber escuchado a un economista tan inteligente.

Entonces el problema se reduce a esto: ¿Cómo conseguiremos suficientes parados?

El inconveniente es que el desempleo no es ocupación muy popular y apenas si existen voluntarios. No es nada sorprendente, a la vista del desprecio con que se considera la profesión de parado. Muchísimas veces hemos dicho a un amigo: «¿Por qué esos holgazanes no dejan de vivir bien y se buscan un empleo?» (Y esto es exactamente lo que a uno no le interesa que hagan, si es que queremos acabar con la inflación).

Paro

Pero analicemos la situación con lógica. Usted, en su posición privilegiada de ejecutivo y con su sueldo exorbitante, contribuye a la inflación cada día que pasa, en tanto que esos pobres diablos con zapatos agujereados, pegados a sus botellas de vino en barrios de mala muerte, combaten la inflación con una fuerza desesperada. Entonces, ¿cómo podemos despreciarlos? ¿Quién de ustedes se merece más de la sociedad?

Si queremos vencer la inflación, debemos reconocer en el parado a nuestro luchador de vanguardia contra esa plaga, y darle todos los honores que se merece.

A decir verdad, lo hacemos hasta cierto punto. Les pagamos el seguro de paro y la seguridad social. No es mucho dinero, pero no puede ser más: si pagamos mucho a los desempleados, la inflación se disparará.

Pero si su sueldo debe ser pequeño, ¿por qué acompañarlo con un desprecio tan abierto? El dinero no lo es todo, ya lo saben, y cualquier persona desempleada se contentaría con su ración si tan sólo recibiera un poco de la gratitud que tan abundantemente se merece.

¿Por qué no saludar a esos esforzados y sufridos soldados que se encuentran en las trincheras del frente, en la guerra contra la inflación, con unas palabras amables, con unas palmaditas en la espalda? Que sepan que estamos apoyándoles y que les tenemos en gran aprecio. Eso sí, no hay que darles ni un céntimo. Es fundamental no entregarles dinero.

También el gobierno puede ayudar. Se podría hacer una campaña de reclutamiento para el servicio de desempleo, premiando con la cruz de plomo y el haz de cucharas soperas a los que se convirtieran en parados siguiendo la llamada del deber. Debería reconocerse el patriotismo de ciertos grupos minoritarios que contribuyeran a la lucha por encima de sus posibilidades. Los carteles de reclutamiento deberían decir: «El Tío Sam quiere que TU dejes tu trabajo».

Hombres y mujeres se unirían en masa bajo la bandera del paro. El objetivo del cinco por ciento se alcanzaría con toda facilidad. Es más, se superaría, porque los americanos no se desentienden de sus obligaciones para con la patria.

¡Y se lograría contener la inflación!

Supongo que por medio de la Tercera Ley estoy criticando a nuestro sistema económico, o a nuestra postura endurecida hacia el parado, o a nuestra tendencia a hacer de la guerra algo romántico. [...]

La auténtica esencia de la ciencia-ficción consiste en considerar lo desagradable si a ello nos obliga la tarea de generalizar las tendencias sociales y científicas. Y lo maravilloso del lector de ciencia-ficción es que aceptará lo desagradable y lo mirará cara a cara.

Si pudiéramos conseguir que todo el mundo hiciera eso, aún habría una esperanza para la humanidad.”

Pitagora Switch

06/ 04/ 11

Uno de los primeros videos virales que recuerdo de YouTube era un video japonés de un programa infantil llamado Pitagoras Switch. Entre corto y corto ponían un video de lo que los americanos llaman una máquina de Rube Goldberg. Una conjunto de fichas de dominó, poleas, tirachinas y manivelas eran activadas por una bola que recorría un circuito preparado con precisión milimétrica. Si al completar el circuito el mecanismo conseguía activar el interruptor final una voz cantaba “Pitagora Suichi” indicando el éxito de la misión.

En el vídeo de hoy los japoneses se superan una vez más y preparan un colosal xilófono para tocar el décimo movimiento de la Cantata 147 de Bach. Un trabajo increíblemente minucioso y elegante, que sólo se ve empañado por la fealdad del teléfono móvil que lo patrocina.

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Hare Krishna y Burning man

03/ 04/ 11

La acumulación de guardias ha dejado mermadas mis capacidades narrativas, así que hoy tendremos que recurrir al poder de la imagen. Os dejamos con dos vídeos sobre diferentes festivales en Estados Unidos. El video de arriba es del festival Holi de los Hare Krishna en Spanish Fork, Utah. Parte de la ceremonia incluye lanzar lanzar harinas de colores y eso es lo que le ha dado el nombre de “Festival de los Colores”. Muy recomendable ver en HD 1080p (tenéis una pestaña abajo a la derecha del video). La música es de Namrock and C.C. White’s Soul Kirtan, con un aire muy a lo Arcade Fire. Puedes descargar gratis alguna de sus canciones en freshbigmouf.com.

Los vídeos de abajo son del Burning Man, un macrofestival artístico en el desierto de Nevada que recibe su nombre de la tradición de quemar una enorme figura humana hecha de madera. Casi 50000 participantes acuden cada año al desierto con sus creaciones artísticas, que van desde moda estrafalaria a vehículos que parecen sacados de Mad Max. La música del video es un poco hortera, pero las imágenes son espectaculares. No os perdáis la página de la organización, con muchísima información sobre el evento. Si estáis interesados son unos 300$ por toda la semana. El hombre quemado os espera en el desierto de Black Rock del 29 de Agosto al 5 de Septiembre.

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El arte del título

27/ 03/ 11

Uno de nuestros blogs favoritos, Art of the title, preside el jurado del premio al mejor diseño de títulos de crédito en el festival de cine SXSW en Austin, Texas. Antes de presentar las cabeceras nominadas de este año colgaron este vídeo con las mejores de todos los tiempos. A ver qué os parecen. Este año han premiado a Blue Valentine con el premio del jurado y del público. Había una buena competencia, con The Other Guys, The Losers, o Adventure Time . Os dejamos con una recopilación de las 50 mejores de todos los tiempos. ¿Os parece que falta alguna?

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Godfrey Hounsfield y el EMI Scanner Episodio Final: 1979

26/ 03/ 11
TC

10 de Diciembre de 1979, Ayuntamiento de Estocolmo

“Inventas vitam juvat excoluisse per artes”. Godfrey pasaba sus dedos sobre la inscripción de la medalla. Necesitaba un rato de descanso. Un minuto sin protocolo, felicitaciones o apretones de manos. Hounsfield estaba muy orgulloso de sus inventos, particularmente del EMI Scanner. Le hacía feliz ver cómo los radiólogos u otros médicos disfrutaban con las imágenes del TAC. Sin embargo se sentía muy incómodo cuando los halagos iban dirigidos hacia él. Nunca había sido vanidoso. Que un rey de Suecia le entregase un premio Nobel y miles de personas le aplaudiesen como a una estrella de rock era más de lo que un hombre sencillo como Godfrey Hounsfield era capaz de asimilar. Estaba desbordado por emociones contradictorias.

Le habría gustado compartir el premio con su amigo Ambrose. Hounsfield sabía que si habían conseguido llevar a cabo la comercialización del scanner era en gran parte gracias a la difusión que James había realizado entre los radiólogos de todo el mundo. Juntos habían disfrutado en el proceso de diseño de las primeras máquinas. Los consejos de Ambrose habían sido imprescindibles en el desarrollo del scanner, y Godfrey lamentaba profundamente que no se le hubiera reconocido en el premio. Recordó una tarde casi 10 años atrás, el día que conoció a Ambrose. Godfrey buscaba la colaboración de un radiólogo para el desarrollo del scanner. Varios especialistas le dieron largas y probablemente lo tomaron por un loco. Había pensado que el encuentro con Ambrose terminaría con el mismo resultado, no parecía interesado. Pero algo debió de hacer cambiar de opinión al radiólogo en el último momento. James le pidió a Godfrey que le acompañara a su despacho del Hospital Atkinson’s Morley sin explicarle la razón. Cuando llegaron, Ambrose le dio a Hounsfield una caja muy pesada que contenía un cerebro humano con un tumor. Se lo alargó a Godfrey y le dijo: “demuéstrame que puedes hacer lo que dices”.

Al día siguiente Godfrey se presentó radiante en el Servicio de Radiología preguntando por James Ambrose. Cuando el radiólogo vio la fotografía del scanner miró a Hounsfield sin poder articular palabra. Era una revolución. Y Hounsfield no se había dado cuenta de la verdadera trascendencia de su invento hasta que conoció a Ambrose. Aquellos habían sido los mejores años.

Miró hacia los premiados. Poco a poco se fue acercando a ellos, completamente distraído. Se quedó mirando a Arthur Lewis, que también estaba un poco apartado del grupo principal. Estaba sentado en un banco del Salón Azul, mientras un coro cantaba una pieza que Godfrey no conocía. El ganador del premio Nobel de Economía era un hombre simpático de unos sesenta y tantos años que daba clases de Economía en Princeton. Hounsfield estaba sorprendido por el hecho de que fuera negro, algo que seguro que había supuesto una enorme dificultad en el mundo universitario de aquella época. Arthur era británico, aunque había nacido en Santa Lucía (por aquél entonces colonia británica). Hacía unos años había sido nombrado caballero. Llegó a su lado y le saludó. Arthur lo miró con unos ojos pequeños escondidos detrás de unas gruesas gafas negras. Le sonrió amablemente.

-¿Así que usted es que el genio que ha inventado el scanner?

-Eso dice ese señor con corona- dijo Hounsfield señalando al Rey Carlos Gustavo. -Usted debe ser el economista de los pobres.

Sir Arthur soltó una carcajada. -Sí, ese debo ser yo. No creo que haya muchos por aquí con esa profesión tan rentable.-Arthur Lewis miraba la caja donde guardaba la medalla, el diploma que les habían entregado en la ceremonia. Sacó la medalla y se la colgó. -Sabe, tengo un amigo al que le han realizado un scanner esta semana.-

-Vaya, espero que no sea nada grave- Godfrey supo por la expresión del economista que la cosa no pintaba muy bien.

-Le han dicho que tiene un cáncer de pulmón. Creo que es pequeño y que pueden operarlo. En las radiografías no lo tenían claro, algunos radiólogos pensaban que era una tuberculosis, pero no se ponían de acuerdo. Le hicieron un scanner y ahora les parece un cáncer.- Arthur miraba a Godfrey, que no sabía qué decir.- Dentro de algún tiempo, cuando alguien estudie la economía en los países en vías de desarrollo estudiarán mi trabajo. En algunas universidades se hablará de mí, y a lo mejor una de mis aportaciones conseguirá mejorar la vida de algunas personas. Yo no se cuál será mi lugar en la Historia, la verdad. Lo que sí que se es que su invento, señor Hounsfield, cambiará la vida de mucha gente. Ha conseguido usted que veamos el interior del cuerpo humano sin necesidad de abrirlo en una mesa de quirófano. No se qué clase de cerebro debe de tener usted para que pudiera inventar semejante aparato, pero está claro que la inscripción de esa medalla habla de usted.- Lewis señaló con el dedo.

nobel

Godfrey se fijó en que su medalla era diferente de la de Lewis. Aunque la cara de Alfred Nobel aparecía en ambas medallas el reverso era diferente. En la de Arthur estaba representaba una estrella en su parte central, con rayos saliendo de ella de forma radial. La de Godfrey en cambio mostraba una figura clásica sujetando un niño con una mano, mientras con la otra recogía agua de una roca. Las inscripciones también eran diferentes.

-Es de la Eneida, de Virgilio- Arthur señaló la inscripción de la medalla de Hounsfield.- “Inventas vitam juvat excoluisse per artes”. No soy un experto en latín, pero creo que el pasaje viene a decir “aquellos que mejoran la vida en la Tierra con sus inventos”.

Godfrey se quedó pensativo. Había mucha gente que había trabajado con él en aquel proyecto. Cómo le hubiera gustado compartirlo con ellos. Sin darse cuenta empezó a pensar en los planos que le envió un amigo suyo de General Electrics. Arthur siguió hablando, pero Hounsfield sólo le dedicaba una pequeña parte de su capacidad de atención, estaba pensando en cómo aplicar una espiral al movimiento del cabezal. Quizá así podría disminuir el tiempo de adquisición sin producir demasiados artefactos…

Epílogo

hounsfield

Estos cuatro artículos sobre la vida de Godfrey Hounsfield son relatos de ficción, aunque están basados en la vida real del ingeniero británico. Esperamos que hayáis disfrutado de nuestro pequeño homenaje a este hombre extraordinario, y a una época de pioneros de la radiología en general, y de la neurorradiología en particular. Aquí os dejamos parte de la bibliografía utilizada por si estáis interesados, y un increíble documental sobre los primeros años del scanner.

CT scanning the early days

Obituaries: Sir Godfrey Hounsfield

Nobel Lecture, 8 December, 1979, by Godfrey Hounsfield

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