HBO: etiqueta negra

La HBO era una cadena de televisión por cable orientada sobre todo la retransmisión de cine y eventos deportivos. A finales de los noventa alcanzó gran éxito gracias a dos series de producción propia: Sexo en nueva York y Los Sopranos. Esto hizo que se potenciasen las producciones, con enormes presupuestos en ocasiones, que permitieron a las siguientes series alcanzar una calidad nunca antes vista en la televisión.
Hoy os vamos a hablar sobre otras series menos conocidas, pero igual de imprescindibles.
Hermanos de Sangre

Cuando Tom Hanks y Steven Spielberg terminaron de rodar “Salvad al soldado Ryan” decidieron que todavía había historias que contar sobre la Segunda Guerra Mundial, así que produjeron Hermanos de Sangre, la historia de la Compañía Easy del segundo Batallón de la 101ª Divisón aerotransportada. Empezando por su entrenamiento en Toccoa (con una increíble interpretación de David Schwimmer que se desencasilló de su papel de Ross Geler en Friends) uno se va metiendo en la piel de los soldados a las órdenes de Winters.
A diferencia de otras superproducciones bélicas americanas aquí el patriotismo de los minutos iniciales ve quedando a un lado y lo que queda es el miedo, el compañerismo y la lucha por sobrevivir un capítulo más. Narrada con un realismo poco común en la televisión, Hermanos de Sangre es sobresaliente en todos los aspectos: una fotografía a la altura del mejor cine, unas interpretaciones impecables y un guión sin los complejos ni los tópicos de la pequeña pantalla. Te guste o no el cine bélico Hermanos de Sangre es imprescindible.
Y si ya la has visto entonces debes saber que este año HBO ha estrenado The Pacific, que narra los sucesos del frente contra el Imperio de Japón. No he terminado de verla, pero no me está gustando tanto como Hermanos de Sangre.
True Blood

Ya hemos hablado de esta serie en Neurobsesion, pero pasa algo extraño a la hora de recomendarla. El argumento suena tan absurdo al contarlo que es imposible convencer a nadie de que la vea. En Bon Temps, un pueblo perdido de la América más profunda, Sookie Stackhouse trabaja de camarera en Merlotte’s, el bar del pueblo. Su tranquila vida se ve trastocada cuando aparece Bill Compton, un vampiro de más de 100 años de edad, del que se enamora en los primeros fotograbas de la serie. Leyendo este argumento yo no vería una serie así (bueno, la vería pero no lo reconocería), pero True Blood tiene bastante más que este argumento. Su ambiente, sus personajes, su trama, su música… El sello de la HBO es merecido.
The Wire

The Wire son palabra mayores. La obra de David Simon es la historia de un grupo de policías de Baltimore en su intento de desmantelar una red de narcotráfico en los suburbios de Baltimore. A lo largo de cinco temporadas nos irán contando hasta donde llega el dinero de la droga, y cómo la corrupción impregna los estamentos de esta ciudad portuaria. Con unos personajes nada habituales en la televisión americana, en The Wire hay malos con un código moral digno de un héroe, y buenos a los que uno termina por odiar. Cada temporada es como una película de 10 horas en la que, salvando las distancias, veremos muchas analogías con nuestro entorno. Los argumentos son tan realistas que la corrupción del puerto o de la política de la ciudad nos recordará a nuestra Asturias patria querida. La actitud de la Dirección de la policía seguro que os resultará familiar. Los investigadores protagonistas necesitan unos medios razonables para poder atrapar a los capos de los trama, pero los de arriba sólo quieren números, detenciones de pequeños traficantes. Los esfuerzos del pequeño grupo de policías protagonistas siguen la dirección marcada por el detective Lester Freamon: “You follow drugs, you get drug addicts and drug dealers. But you start to follow the money, and you don’t know where the fuck it’s gonna take you”. Su lucha contra el sistema para poder detener a los narcotraficantes no es la clásica historia de Hollywood.
The Wire es tan atrevida que las malas lenguas dicen que el ayuntamiento de Baltimore les pidió que dejaran de grabar en su ciudad por la mala imagen que daban de ella. Simons contestó que grabara donde grabara seguiría llamando Baltimore al escenario de su serie, con la única diferencia de que sería otra ciudad quien se llevaría los ingresos por los permisos del rodaje. Con semejante argumento el alcalde de Baltimore accedió a que se grabara en sus calles de nuevo.
The Wire no se parece a ninguna serie actual. No te arrepentirás de verla.

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